Camino de Amor



Dios busca a los pecadores para perdonarlos


El obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Raúl Martorell, reflexionó este domingo sobre las lecturas que propuso la liturgia, que –señaló- dan cuenta del perdón y de la misericordia de Dios. "Dios ya no envía a profetas a reprobar a los pecadores. Ha enviado a su Hijo para salvarlos y éste los va buscando por todas partes, en las casas y en las calles", detalló. Asimismo, afirmó que el perdón de los pecados "es iniciativa del amor misericordioso de Dios y de la humilde disposición del pecador", y que cuantos más motivos de amor hay en el arrepentimiento, más abundante se vuelve el perdón de Dios, que puede llegar a borrar no solo la culpa, sino también la pena.

El obispo comenzó su homilía dando cuenta de la primera lectura, en la que el profeta Natán se presenta ante David para mostrarle que había pecado al mandar a matar a un hombre para apoderarse de su mujer. Pero a la luz del evangelio, explicó que Jesús acerca una mayor comprensión del perdón y la misericordia.

"Dios ya no envía a profetas a reprobar a los pecadores. Ha enviado a su Hijo para salvarlos y éste los va buscando por todas partes, en las casas y en las calles", detalló, y al referirse a la visita de María Magdalena y su postración ante Jesús, sostuvo que el Señor procura iluminar las acciones de los otros con el ejemplo de los dos deudores a los que les fue condonada la deuda.

"A la mujer se le perdonan los pecados por el gran amor demostrado en el gesto de bañar con lágrimas los pies del Señor. El fariseo, en cambio, no ha cometido muchos pecados, pero tiene cerrado el corazón al amor. Jesús se lo hace notar, y si reconociese su culpa, sobre todo el querer sorprender al Salvador en culpa, quedaría perdonado y la misericordia de Dios se derramaría en él y lo llenaría de amor", detalló el obispo.

Monseñor Martorell concluyó afirmando que el perdón de los pecados "es iniciativa del amor misericordioso de Dios y de la humilde disposición del pecador", y que cuantos más motivos de amor hay en el arrepentimiento, más abundante se vuelve el perdón de Dios, que puede llegar a borrar no solo la culpa, sino también la pena.

"Jesús no impone una penitencia a la mujer pecadora por sus pecados y eso no sólo porque el amor de ella es grande, sino porque Él mismo la ha tomado sobre sí ofreciendo su vida por el pecado de la humanidad. Por eso los cristianos debemos estar atentos a amar y estar abiertos al perdón y a la misericordia de Dios", recordó. "Que María, Madre de la Iglesia, nos lleve con humildad a la búsqueda del perdón de Dios frente a nuestras propias miserias", deseó a todos.