Camino de Amor



El Papa lamenta que la sociedad vea a Dios "pasado de moda"


En el primer domingo después de la Epifanía, como cada año, el Papa presidió en la Capilla Sixtina la ceremonia en la que fueron bautizados los hijos de los trabajadores del Vaticano nacidos en los últimos meses. Durante su homilía, en la que conmemoró el Bautismo de Jesús a manos de San Juan Bautista en las aguas del río Jordán, Benedicto XVI habló de las dificultades para manifestar la fe en la sociedad contemporánea, que considera "pasados de moda y de tiempo" a los que creen en Dios. "Debido a esta mentalidad, puede haber cristianos que entiendan la relación con Jesús como limitante, como algo que mortifica la propia realización personal", lamentó.

Quien entiende así la religión cristiana está equivocado. "Esta visón muestra que no se ha entendido nada de la relación con Dios", comentó ayer el Papa, quien recordó una cita de su último libro, "La infancia de Jesús", en la que habla de cómo en nuestros días se ve a Dios como un "límite" a la libertad que ha de ser eliminado para que "el hombre pueda ser totalmente él mismo". Al ir poco a poco recorriendo el camino de la fe, explicó, se comprende que Cristo no es ninguna limitación, sino todo lo contrario: "La acción liberadora del amor de Dios nos hace salir de nuestro egoísmo, de estar centrados en nosotros mismos, para conducirnos a una vida plena, en comunión con Dios y abierta a los otros". A continuación Benedicto XVI recordó tres palabras que sostienen la fe cristiana y cuya comprensión acaba con esta percepción del catolicismo: "Dios es amor".

Celebrando el sacramento de iniciación al cristianismo de los 20 bebés nacidos de los trabajadores vaticanos, el Papa utilizó el altar original de la Capilla Sixtina, que está pegado al muro, por lo que en una parte de la ceremonia dio la espalda a los fieles. El obispo de Roma despejó las dudas de aquellos que se preguntan por qué Jesús necesitó bautizarse. El bautismo a manos de San Juan era un gesto de "penitencia y de conversión", lo que puede resultar "paradójico a nuestros ojos". "¿Necesitaba Jesús penitencia y conversión? Ciertamente no", afirma el Papa. Con este gesto, poniéndose al mismo nivel que los pecadores, Cristo expresa "la cercanía de Dios" y se muestra "solidario" con el hombre, "con nuestros esfuerzos para convertirnos, para dejar nuestros egoísmos y separarnos de nuestros pecados". En el bautismo, con el que dio inicio a su predicación, Jesús "se introduce realmente" en la condición humana viviéndola "hasta el fondo" para comprender su "debilidad y fragilidad".

Tras la oración del Ángelus, el Papa recordó que ayer se celebraba la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado y comentó que quien deja su tierra lo hace buscando "un futuro mejor", pero también porque "se fía de Dios que guía sus pasos". Por eso los migrantes son "portadores de fe y de esperanza" a los que ayer Benedicto XVI les dedicó un saludo especial y su bendición.