Camino de Amor





Cuando le cierran una puerta..., Dios siempre le abre otra!


La frase que encabeza el titular de esta columna de domingo, mĂ¡s allĂ¡ de consolar a quienes estĂ¡n padeciendo algĂșn infortunio de la vida, nos invita a entender que cualquier circunstancia adversa que nos golpee ni es una tragedia, ni es algo definitivo, ni mucho menos nos tiene porque lanzar al abatimiento.

¿QuĂ© pasa cuando nos cierran una puerta?

Experimentamos lo mismo que le pasa a la sangre cuando siente algĂșn peligro; es decir, corremos a refugiarnos en un "corazĂłn agitado".

Y cuando eso se presenta, las manos, los pies y la misma cara pierden color y calor. Es por eso que nos sentimos "helados".

AsĂ­ ocurre en las dificultades de la vida. Nuestros verdaderos poderes de superaciĂłn tienden a ocultarse cuando se nos cierran las puertas. ¡Nos llega un problema y de inmediato caemos en el desĂ¡nimo!

Dicen los expertos que cuando eso se nos dé, nos conviene tener un poco de serenidad.

De entrada hay que pensar que estamos menos vencidos de lo que creemos estar.

El "sĂ­ quiero", el "sĂ­ puedo salir adelante" y el "sĂ­ soy capaz de enfrentar nuevos retos" hacen brotar de nuestro interior un volcĂ¡n de energĂ­a, el cual nunca imaginamos poseer.

Es mĂ¡s, aunque no existe por ahĂ­ ningĂșn "estudio de mercadeo" que confirme la siguiente afirmaciĂłn, muchas personas sostienen que cuando "una puerta laboral se les cerrĂł", que cuando "una pareja sentimental los abandonĂł" o incluso que "cuando un negocio se les truncĂł", casi que de inmediato se les abrieron no otras puertas, sino verdaderos "portones de oportunidades".

Las personas que han atravesado momentos inesperados aseguran que la situaciĂłn que vivieron, mĂ¡s que perjudicarlos, al final les hizo sacar la fortaleza que escondĂ­an dentro.

En medio de la angustia que vivieron hallaron sus propias llaves para abrir los ojos hacia horizontes mĂ¡s esperanzadores.

Comprendieron que estaban viviendo en una falsa "zona de confort" y que, por encima del dolor o incluso tocando fondo, lograron impulsarse para continuar el camino y, por supuesto, atravesar una nueva puerta: ¡La de la fe!

Fuente: http://www.vanguardia.com/entretenimiento/espiritualidad/311832-cuando-le-cierran-una-puerta-dios-siempre-le-abre-otra