Camino de Amor



La científica que dice haber regresado de la muerte y hoy cree en Dios


A María Corena la conocí hace dos años y me sorprendió porque dice que cree en Dios, algo poco usual en un científico.

Sin embargo, ella defiende su fe con vehemencia, con base no en pruebas de laboratorio, sino en experiencias próximas a la muerte. A su propia muerte.

María Corena comenta: Dios me devolvió la vida cuando la perdí en África, después de un coma de tres días, en 2004. Pero esa vez sí me cambió la vida. Si alguien me hubiera contado de una "experiencia después de la muerte" antes de diciembre 20 del 2004, con luz, túnel o imágenes de un paraíso que nadie vivo ha visto, seguramente habría escuchado con atención y luego me hubiera ido para mi casa pensando con incredulidad que eso no era cierto.

¿Cómo sucedió?

Ese año estaba en Bamako (Mali) de asistente a un curso de Genómica y Proteómica Funcional. Una noche, destapé una lata de vegetales y me los comí en el cuarto de mi choza-hotel. Al día siguiente me fui a trabajar en el computador. Eran las diez de la mañana cuando empecé a sentir una sensación de hormigueo en mis piernas y brazos. A las once de la mañana estaba en coma y me habían llevado al hospital local, muy pobre: piso de tierra, avisperos en el techo y muy poca luz.

Los médicos me miraban desconcertados. Un estudiante de medicina se acercó a mi camilla y me dijo en francés: "María, creemos que tienes botulismo. Si puedes escucharme cierra los ojos". Mis párpados no se movieron, aunque podía escucharlo claramente. A pesar de mis esfuerzos mi cuerpo no respondía.

Duré varios días en coma, sin sonda, sin suero, sin respirador. Acostada en esa camilla y con la compañía de Myrianne, una estudiante de obstetricia, de Camerún, que se había convertido en mi guía e intérprete. Ella tenía un rosario en la mano y lo rezaba en francés cada que podía. Me acompañó todos los días sin dejar de rezar su rosario.

¿Cómo fue la agonía que sintió?

Mi corazón, sin previo aviso, empezó a detenerse. Es una sensación horrible saber que te vas a morir y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. Poco a poco sentía que se me iban las fuerzas, hasta que vi la película de mi vida pasar delante de mis ojos. Todos los momentos de mi vida, buenos, y malos. Las veces que le contesté mal a mi papá o a mi mamá, las veces que me reí y que disfruté. Todo, absolutamente todo.

En ese momento supe que iba a morir. Intenté rezar, porque era la única opción que me quedaba: "Padre nuestro que estás en el cielo..." Y mi cerebro no sabía el resto. No tenía oxígeno, ya era muy tarde. Así que lo repetí cuantas veces pude… "Padre nuestro que estás en el cielo…" Una y otra vez. Me olvidé de que era atea y de la ciencia. La medicina no podía hacer nada. La bioquímica tampoco. Estaba sola con la muerte y mi única esperanza era Dios.

Recé ese precario Padre Nuestro una y otra vez hasta que perdí noción de este mundo. Y ahí fue cuando sentí la felicidad más grande que haya sentido en este mundo, una felicidad que no puedo describir con palabras. Una felicidad que solo es posible cuando uno conoce a Dios.

Desperté del coma después de lo que me parecieron unos segundos. Habían pasado más de 45 minutos. Cuando abrí los ojos vi a Myrianne llorando, gritando "¡Está viva, está viva!, ¡Dios, está viva!".

¿Es posible demostrar que no se trata de un episodio de máximo estrés neuronal, en el que los seres humanos creen ver esa luz al final del túnel?

Para poder explicar la magnitud de lo que me ocurrió en África debo aclarar que mi experiencia no se limitó a morir y volver a la vida, a pesar de que los documentos que me entregaron al salir del hospital claramente dicen en francés: "Résurrection". Los médicos me dijeron que había estado en coma. Es un estado en el que una persona no puede despertar, no responde normalmente a los estímulos dolorosos, a la luz o al sonido, no tiene un patrón normal de sueño y no inicia acciones voluntarias. Bajo esas definiciones, estuve en coma.

Mi experiencia fue diferente a muchas experiencias cercanas a la muerte, porque estuve en un coma inducido por botulismo, seguido de paro cardiaco y respiratorio, en un lugar donde era imposible un tratamiento médico para mantenerme viva. El botulismo es una intoxicación causada por una toxina producida por la bacteria Clostridium botulinum.

Esta neurotoxina bloquea la liberación de acetilcolina a nivel sináptico, lo cual impide la transmisión del impulso nervioso en el cerebro. Sin impulso nervioso, no hay actividad cerebral. Así que para contestar tu pregunta, en mi caso es altamente improbable que las experiencias vividas hayan sido producto de un alto estrés neuronal, pues sin conexiones y/o sin impulso sináptico no hay actividad neuronal.

¿Qué vino después?

Después de mi experiencia aprendí que Dios nos busca a todos, nos llama a todos, pero no todos escuchamos y no todos lo seguimos. Me hice el propósito de ser mejor persona. Cuando regresé empecé a leer. Me di cuenta de que no sabía nada de Dios ni de religión ni de amar a los demás. Busqué libros, me metí de lleno en las bibliotecas. Empecé a hablar con personas que sí han estudiado acerca de Dios. Hablé con teólogos, hablé con muchos sacerdotes, líderes espirituales, seminaristas, pastores, misioneros, budistas. Descubrí lo interesante y útil que es la Biblia.

¿Qué decir a quienes piensan que la Biblia es un libro de mitología?

No es así. La Biblia comienza con el libro del Génesis, donde se describe la creación de Adán y Eva, quien surgió de una de las costillas de Adán. Por siglos la idea de crear un ser humano de una parte del cuerpo de otro ser humano fue descabellada, pero el 5 de julio de 1996, se creó el primer clon de una oveja. Fue creada después de tomar una célula de una glándula mamaria de la progenitora. Se demostró científicamente que una célula tomada de cualquier parte del cuerpo puede recrear a un individuo en particular.

Otra gran verdad no aceptada es que María fue virgen después de dar a luz a Jesús. Hoy tenemos evidencia científica de mujeres con hímenes hiperelásticos que siguen siendo vírgenes aún después de haber dado a luz varias veces.