Camino de Amor



El esplendor de la esperanza


La Cuaresma es camino de esperanza radiante, de la promesa cumplida en/desde lo alto del monte de la Cruz gloriosa.

La cabeza encenizada va dando lugar, a través de 40 días, a la cabeza en alto, brillosa, radiante, gracias al milagro de la luz pascual. La Cuaresma no es calle cerrada, ni sacrificio inútil, sin sentido, ni prácticas dolorosas color de negro. Este gran tiempo de conversión apunta hacia el futuro luminoso que solamente Dios todopoderoso, puede dar, que ‘ni ojo vio ni oído oyó’.

De pronto, -más en nuestra cultura posmoderna de lo inmediato, los resultados y la eficacia-, vemos solamente las tentaciones del instante aprisionador. Necesitamos momentos de esplendor. Lo ordinario/rutinario de la vida nos hace, muchas veces, gente que nada en la nada, que nada ‘de muertito’ en la vida.

Entonces nos viene muy bien un momento de esplendor, lleno del brillo que todo lo ilumina. Una palabra de ánimo después de algo que hicimos bien, un gesto de perdón después de haber metido la pata, una sonrisa después de una batalla que nos ha estresado, un apretón de manos después de un desencuentro o la satisfacción de un pequeño triunfo en medio de la rutina gris, casi sin nombre...

Entonces la vida recupera fuerzas y el horizonte se ensancha; vale la pena, decimos para consumo interno, seguir escalando en la montaña de la vida.

Vivimos el segundo domingo de la Cuaresma 2015. Jesús acaba de anunciar a los suyos la forma de muerte que le espera. Estoy de acuerdo con la reacción ‘primaria’ de Pedro. Caminan a Jerusalén y allí los acontecimientos pueden acabar en nada. El Maestro los ha decepcionado. ¿Vale la pena seguir a alguien que tiene como futuro la muerte inmediata? Pedro protesta y recibe una mayúscula regañada.

Jesús toma a los suyos, a los íntimos. Se transfigura, es decir, deja ver por un instante todo el misterio de luz que encierra su persona. Una voz lo confirma: "Éste es mi Hijo amado; escúchenlo".

Todo transcurre en un abrir y cerrar de ojos. Pero es lo suficiente para levantar la esperanza, recobrar la fe y seguirlo por donde sea, cuando sea. Los amigos regresan a lo ordinario de la esperanza paciente, activa, alegre.

Iniciamos la segunda semana del caminar cuaresmal. ¡Qué duro se hace seguir la marcha cuando no tenemos meta, ni rumbo, y la esperanza se apaga por malas noticias, cansancios y pesimismos! Muchos podemos experimentar historias de desesperanza, desencantos, decepciones. La sabiduría popular intuye, desde la fe en el Resucitado, que sí hay motivos para seguir y afirma con esperanza: "Dios aprieta, pero no ahoga".

Junto a/con Cristo, uno se transfigura. Con Él hay siempre una chispa que puede encender esperanzas cansadas. El futuro que Dios nos promete y garantiza en Cristo es infinitamente más grande que nuestras cortas metas. Si seguimos a Cristo, encontraremos un Tabor en el camino.

Fuente: http://www.imagenzac.com.mx/nota/el-esplendor-de-la-esperanza-21-50-6h